Booktrailer "La gran paroniria"

12.9.11

Tritón --- Capítulo 6





Capítulo 6


—En primer lugar, quiero que sepan algo. —dijo el comandante Gleen, intentando mostrar la sinceridad que emanaba de su ojeada ante todos los presentes. De hecho, no continuó hasta que se cercioró de que todos habían cruzado una mirada directa con él— Hasta hace escasos minutos, ni yo mismo era conocedor del objetivo principal del viaje que se me ordenó comandar.
            —¿Es un chiste, comandante?—inquirió de forma irónica Ray, a la par que adquiría una postura más sosegada en su aposento.
            —Le aseguro que me encantaría que así fuese, pero no lo es, señor Gordon— sentenció Gleen, apoyando los brazos sobre la mesa, a menos de medio metro de Ray. Tras intercambiar más miradas sensitivas, el comandante giró sobre sí y anduvo en derredor de la mesa, con las manos unidas tras la espalda. Cuando hubo caminado unos segundos, comenzó a hablar, de forma mecanizada.
            —Verán… la información que les voy a facilitar es de secreto máximo, así lo califica la WCA y todos los estados miembros. Tanto, que, como les he dicho antes, hasta hace pocos minutos no se me ha permitido acceder al protocolo de la misión—dijo Gleen cruzando los brazos.— Ni siquiera los capitanes de las dos naves que nos escoltan saben más allá del destino de la misión.

25.8.11

Tritón --- Capítulo 5







Capítulo 5


—Así es, portamos cerca de 80 cabezas termonucleares a bordo —espetó Jim a un cariacontecido Ray.
            —¿Olvidas que ya hemos utilizado una docena? —apostilló Ruslan.
            —¿Disfrutas matizándome? —intentó dar un empellón a su compañero, pero éste se zafó y comenzaron a menear los brazos uno contra el otro como si fuesen críos de guardería.
            —Perdonad, chicos —hizo una pausa hasta que los dos le prestaron atención—. ¿No hay peligro de que exploten esas bombas?
            —Eso se supone que hacen, tío. Explotan en un compartimento controlado electromagnéticamente y la energía de la explosión es la que impulsa a la nave y la hace entrar en velocidad de crucero —respondió Ruslan, aún enzarzado en una guerra de collejas con Jim.
            —¡Genial! Ya me quedo mas tranquilo —Ray hizo un gesto que acompañó al sarcasmo de su afirmación—. ¿Y cuál es la velocidad de crucero?

9.8.11

Tritón --- Capítulo 4







Capítulo 4



Jack Gleen nació en Madison, cuando esa ciudad aún existía.
Como todos los pocos oriundos que quedaban de aquella, otrora capital de estado, se consideraba un hombre duro. Y no sólo por su aspecto rudo y vigoroso.
El comandante de la Mariner 100 estaba ya curtido en todo tipo de situaciones de las que había mamado, directamente, de una gran ubre, repleta de temple y de sangre fría. Desde muy joven, y tras ver morir a sus padres en el atentado terrorista de Wisconsin, donde cerca de cien mil personas perdieron la vida hacía más de medio siglo, decidió alistarse en el ejército de los Estados Unidos.
Tras una larga y esforzada preparación, combatió con éxito durante tres años en la guerra del Gobi, que a la postre, fue el último gran conflicto humano. Sus méritos militares valiéronle para ascender con facilidad de rango, y pronto fue elegido como tripulante de varias misiones espaciales de rescate, con el incipiente apogeo de la astronáutica.

23.7.11

Tritón --- Capítulo 3






Capítulo 3



Ray dedicó unos segundos a escudriñar pusilánimemente el interior, antes de cruzar definitivamente por la nueva entrada. Cuando lo hizo, la puerta se cerró a sus espaldas, emitiendo un sonido característico.

Se encontraba en un cubículo de no más de una docena de metros cuadrados, iluminado en exceso por un foco central, situado entre varias láminas del techo. El camastro que observó en el compartimento fue lo más familiar que había entre las paredes del lúgubre metal. Además, un lavabo y un water brillaban impolutos. Después de tumbarse instintivamente y permanecer en esa posición durante exactamente un minuto, divisó un pulsador, cercano a una zona punteada.
Incorporose y pulsó el interruptor con forma octogonal. Varias láminas de la pared giraron al mismo son, dejando a la vista un armario de respetables dimensiones, donde varias perchas bailaban de forma mecánica.

3.7.11

Tritón --- Capítulo 2




            
       

Capítulo 2



     —¡Rápido! ¡Abrid esa compuerta!

Dos hombres en paños menores atravesaron a la carrera el iluminado pasillo que desembocaba en la sala de estasis. Se detuvieron ante la cápsula que había producido la señal de urgencia. La luz roja de emergencia rotaba en sintonía con el agudo timbre de la alarma sonora.
Dentro de aquel contenedor ovoidal, las convulsiones de un hombre le hacían golpear inconscientemente el cristal de la compuerta.

            —¿Qué sucede, teniente?
           
            —Uno de los que aún no ha despertado. La alarma se ha activado, los lectores indican fallos cardíacos, señor.

En el centro de mando, la pantalla del monitor principal mostró la imagen. En ese mismo momento, los dos hombres conseguían abrir la puerta y tumbar en el suelo al afectado, que tosía con virulencia.
           

15.6.11

Tritón --- Capítulo I








Parte 1

Pseudotridente




“Medí los cielos y ahora mido las sombras. Mi mente tenía por límite los cielos, mi cuerpo descansa encerrado en la Tierra."
Epitafio en la lápida de Johannes Kepler.




"La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios, y no tener nada que descubrir".
Stephen Hawking



 Capítulo 1




El aula estaba vacía.

Ray se incorporó sobre el pupitre. Se había quedado dormido.

Durante unos segundos, visualizó completamente la amplia e iluminada sala. Estaba sembrada de escritorios similares al que él se aposentaba. Al fondo, una gran mesa con su correspondiente silla. Detrás, una pizarra impoluta.

12.6.11

Tritón --- Portada y prólogo




Estimado lector:
Tiene ante usted el prólogo de mi nueva novela. No sabría decir si se trata de la segunda o de la tercera que escribo, puesto que he intercalado la escritura de ambas.
Digo comienzo, porque no es más que eso. Un breve pero profundo comienzo.

17.4.11

Relato XXVII --- Los zombis no existen, muchacho

Los zombis no existen, muchacho



El relato que presento a continuación es un texto ambientado en mi próxima novela: "El secreto del Perdón"


             —¿Crees que aquí estaremos a salvo, César?
   —No creo que estemos a salvo en ningún sitio—contestó el rudo jefe de seguridad al novato compañero con el que inició la ronda.

Ambos observaban tras el gran ojo de la puerta, dentro del improvisado efugio, destinado a almacenar grandes tanques de helio y de dióxido de carbono, utilizados para extinguir posibles incendios en los centros de protección de datos.

   —Además, ya no tengo munición.
   —¿Habías disparado antes contra alguien?
   —Claro que no.
   —Pues menuda puntería. Les has dado a todos en la cabeza.
   —¿Crees que es agradable matar personas, muchacho?
   —No creo que contra lo que has disparado sean personas.
   —¿A no? ¿Y qué demonios eran?
   —Parecían zombis.

César dejó de mirar tras la puerta y agarró al novato por las solapas de la chaqueta, levantándolo un palmo del suelo, como si de un guiñapo se tratara.

3.2.11

Poesía onírica --- Truhán paladín



Canta el gallo, onírico jardín
Estremece las aguas, truhán paladín
Nebulosa espesa, a mandoblazos doblegó
Simposio de demonios,  tu ángel desterró
Altos muros son más puros que la antorcha
Libérrima otrora, con nostalgia añora
Fecunda semilla, estéril fruto
Nebulosa incolora, cruel aroma
¿Por qué con tu espada mi voluntad laceras?
Verde maná, truhán paladín
Nebulosa y aroma, gomorra y sodoma
Canta el gallo, antorcha en un fortín

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