Booktrailer "La gran paroniria"

22.10.16

"Nieto de un verdugo" --- Relato

Inicio con este relato mi etapa como "ex-escritor" (ya que ya no escribo y he abandonado toda esperanza en publicar), con el que no sólo ofreceré mis relatos como antaño, sino que también los voy a comentar. Voy a tratar de explicar como surgió y el por qué lo escribí. La verdad que me gustaría hacer eso con todos mis relatos. Simplemente por si a mi hija lo lee algún día. 
También voy a hacer una recopilación de los sitios web donde se encuentra, así como posibles
comentarios, y, cómo no; plagios.
Quizás por eso he escogido este relato para comenzar, ya que es el que ha sufrido el plagio mas escandaloso que yo haya podido localizar. Además de publicarse ne varios foros y webs, en algunas lo publique yo; en otras no. Y me hace gracia `porque está en tantos sitios que ya en vez de un relato hay gente por ahí que piensa que es una "leyenda urbana".

Comencé a escribir "Nieto de un verdugo" en aquellas madrugadas de 2008, en las que, desempleado; me ilusioné con probar suerte en el mundo literario. Era el quinto relato que comenzaba a escribir,el segundo que escribía sólo con el título. La frase que titula este relato apareció en mi mente y me bastó para completar el relato en algo menos de tres horas.
Quizás emanó de los recuerdos de mis visitas contadas a tanatorios, precisamente, para despedirme de mis abuelos. Eran lugares que visité de adulto, y mi mente guardó detalles que luego exploté en la narración.
Evidentemente, buscaba un desenlace trágico, y poder encuadrar claramente mi relato en el género del terror; cosa que personalmente creo que conseguí.
Es un relato que me ha dado muchas satisfacciones, como correos de lectoras de 13 años, que me escribían para hacerme constar que mi relato les había gustado.
Años después, localicé un audio-relato cuya locución es la lectura en voz alta  de "Nieto de un verdugo", del que no me pidieron permiso ni opinión, y que además sus autores se adjudicaban la creación del guión. Por suerte, guardé el vídeo y notifiqué al plagiador mi descubrimiento. Años después nuevamente, el vídeo ha desaparecido de la cuenta del plagiador. Pero como dueño del guión, y como compensación ante la falta de escrúpulos para con el trabajo ajeno, lo tomo como regalo y ahora lo ofrezco en mi canal de Youtube. Al final de esta entrada el lector que lo desee podrá acceder al vídeo y visualizarlo.

Sin mas dilación, paso a ofrecerles el relato que titulé "Nieto de un verdugo", que también está disponible en "La gran paroniria", que pueden descargar desde esta misma página.





Nieto de un verdugo


A los verdugos se les reconoce siempre. Tienen
cara de miedo.



Jean-Paul Sartre



A los amigos los puedes elegir, a los familiares no.
Esa frase tomó consistencia en la mente de Félix Serrano el día en el que falleció su
último abuelo.
En sus treinta años de vida ya había sufrido el zarpazo de éstas luctuosas situaciones, ya
era algo conocido el llorar finados cercanos. Su padre abandonó la vida hacía ya una
larga década. Falleció en un trágico accidente de tráfico en el que hubo varios interfectos.
Su padre conducía borracho un camión de gran tonelaje y arrolló a una monovolumen
que transportaba a un matrimonio y a sus cinco hijos, camino, posiblemente; de algún
destino veraniego. Todos murieron.
Un año después, su hermano murió presa de una sobredosis de éxtasis. Feneció en el
mugriento suelo de la discoteca más opulenta de la capital. El día que lo velaron, aún
lucía en la cara las magulladuras en el rostro, producto de varios pisotones.



Todos sus abuelos fueron muriendo en los años siguientes. Caían como moscas. Tíos,
primos, hermanos… Un familiar tras otro moría cada año fatídico desde el primero, hasta
completar el décimo deceso su abuelo Eugenio. El aciago anciano, apunto de cumplir los
noventa, fue víctima de un accidente casero, facilitado quizás por la desidia que le
suponía vivir sin compañía. Resbaló bajando las escaleras que daban a la alacena de la
rústica casa familiar, cayendo los diecinueve escalones de madera, fracturándose varias
costillas y un omóplato que le causó la muerte cuando una astilla ósea le perforó el
pulmón derecho. Dicen que los berridos de dolor fueron escuchados por todo el pueblo
durante varios minutos.
Cuando el primer vecino llegó, Eugenio Serrano empezaba a criar malvas.
El pequeño tanatorio abulense parecía haberse convertido en una taberna de pueblo. Un
grupo de familiares conversaba alegremente frente al cristal que separaba el ataúd con el
cuerpo en completo rigor mortis. Otros pequeños grupúsculos estaban esparcidos en ésa
sala alicatada con el mismo granito pulido que aquella funeraria utilizaba en las lápidas
de sus clientes.
Nadie lloraba. Pareciere que todos esperaban con ansia el momento de enterrar a aquel
vejestorio y empezar a discutir la distribución de la jugosa herencia.
Cuando Félix presentaba sus respetos a su abuelo, expuesto en aquella mortaja
blanquecina, un griterío provino de la calle.
—¡¡¡Hijos de puta!!!
El insulto se reverberó en las graníticas paredes, abofeteando con su sonoridad a todos los
presentes que, oprobiados, salieron a la puerta exterior.
Sorprendiose Félix, como todos; al descubrir que aquel improperio fue lanzado por una
anciana con no menos de noventa años.
—¡¡¡Hijos de la gran puta, me cago en vuestros muertos y en vosotros cuando
reventéis!!!— profirió la nonagenaria, amenazando a los más cercanos con un báculo de
roble y con una cruz como filacteria.
—Oiga, ¿Qué coño la pasa?— preguntó uno de los presentes, sobrino del occiso.
—¡¡¡Hijo de Satanás!!! ¿Crees que puedo olvidar que ese cabrón mató a mi
marido por un puñado de perras?— gritó mientras la dentadura se las veía canutas para
mantenerse en su sitio
—Era su trabajo. ¡Váyase de aquí antes de que pueda lamentarlo, maldita bruja!—
exclamó otro de los familiares, alzando el puño y realizando una maniobra ignominiosa
con éste.
La anciana volvió a la carga con su afilada lengua. La gente retornó a la sala del tanatorio
poco a poco, mientras un par de valientes seguían enfrentándose a la extraña mujer.



Finalmente, ésta se alejó y se perdió entre las calles angostas y empedradas.
Félix pensaba intrigado en los pormenores de tan kafkiano suceso. ¿Cómo que era su
trabajo? Dirigiose al banquillo donde se aposentaban varios familiares cercanos.
—Tía Carmen. ¿Qué es eso de que era su trabajo? ¿Quién era esa mujer?—
preguntó Félix a una señora con cuerpo rollizo y porcino rostro, que susurraba algún que
otro chisme con otras dos mujeres que no supo reconocer.
—¿No lo sabías? Tu abuelo fue verdugo.— respondió la tía Carmen, con su
mirada soslayada y arrogante de siempre, pero manteniendo ese tono murmurante tan
común en los pueblos del interior.
—¿Qué?
—Estuvo en el cuerpo de verdugos durante veinte años. Y esa era la mujer del
primer ajusticiado por tu abuelo, que también era del pueblo.
Un bofetón sentimental le azotó como una patada en los huevos. Sí. Ni él mismo hubiese
podido describirlo mejor.
Su abuelo, verdugo en tiempos de Franco.
—¿Qué hacía exactamente el abuelo?— preguntó mientras miraba de reojo la
sonrisa que exhibía el cadáver en la caja.
—Para que lo entiendas, era el que giraba la manivela en el garrote vil— explicó
tranquilamente la pariente, a la par que simulaba con la mano un movimiento como el
que alguien ejecutaría para girar una manivela.
—Es suficiente, gracias— finalizó Félix repudiado, mas intentando no ser
descortés.
.
Una nausea por poco causóle el vómito cuando volvió la vista hacia el cuerpo de su
predecesor paterno.
Un torrente de recuerdos gratos era evaporado por el fuego que le provocaba pensar en la
crueldad del garrote vil, y en la figura risueña de su abuelo, activando el mezquino
instrumento.
Aquella silla fue utilizada en España para ajusticiar a los condenados a muerte. Aquel
collar, aquel tornillo con cabeza abultada que destrozaba vértebras produciendo un sonido
característico y macabro, era activado por su abuelo.
¿Cuánta gente habría matado por un puñado de perras, como decía aquella anciana
gruñona?
Imaginaba sin temor a equivocarse que no fueron pocos.



Siguió contemplando el cadáver, con cierto asco y repugnancia comedida, pero con todos
los matices que le ofrecían sus recuerdos infantiles. Se detuvo en aquella sonrisa que
mostraba su extinto familiar.
De repente, algo le aterró.
El pavor fue tal que unas gotas de orín fluyeron sin control, sin llegar a marcar los
pantalones.
Cuando varios segundos después comprendió lo que acababa de presenciar, dictaminó
que debería tomar el fresco un rato.
Una vez fuera, mientras encendía un Camel con las manos temblorosas, intentó dar
respuesta a lo que acababa de suceder.
Trataba de ponderar si lo acaecido era producto de su enajenada imaginación, o si por el
contrario, era tan real como los exabruptos de aquella curiosa y cacólala anciana.
Su abuelo amortajado le había guiñado un ojo. El punto vidrioso que, escondíase tras el
párpado muerto, le observó durante varios segundos, aunque para él fueron años.
Caminó calle arriba, con intención de entrar en uno de los pocos bares del pueblucho y
tomarse un buen pelotazo.
Intentó prometerse a sí mismo que lo ocurrido no era más que el resultado del cansancio
y estrés, provocado en gran medida por el largo viaje en coche desde Barcelona.
Cuando empujó la puerta del Bar Marianín, un rugido mecánico detúvole en seco, en
pleno acto de apartar con las manos la cortinilla de plástico que impedía la entrada a las
moscas y a otros dípteros indeseables.
El sonido provenía de calle abajo, acrecentándose cada segundo que pasaba. Un instante
después, divisó un tractor a toda máquina, con dirección al tanatorio del que acababa de
salir moderadamente despavorido.
La sorpresa se tornó en temor cuando comprendió que la conductora era aquella vieja
malhablada.
El tractor iba ensamblado a una pequeña cisterna, que por su aspecto delataba que se
trataba de gasóleo industrial. Y los reflejos del sol también demostraron que el líquido del
interior brotaba por decenas de agujeros.
Félix se echó las manos a la cabeza.
El tractor penetró en el tanatorio, rompiendo la vidriera exterior como un niño rompe un
trozo de papel higiénico.



Los alaridos se escucharon durante pocos segundos. Dieron paso a un compendio de
explosiones, para finalizar sucumbiendo a la oscuridad más absoluta que Félix
experimentó en su vida.
Cuando la negrura desapareció, un blanco infinito le rodeó en derredor.
Tras andar desorientado unos minutos por aquella espesa neblina, tropezó con un objeto
contundente. Palpando, descubrió que era una silla, y aposentóse en ella, pues estaba muy
cansado.
Casi por instinto, apoyó la cabeza en el respaldo. Un chasquido metálico acompañó algo
que le colocó un collar en el cuello.
No se podía mover.
Un siseo de engranajes lo hizo voltear la cabeza sin dificultad. Y allí descubrió a su
abuelo, que giraba una manivela. Mostraba un par de ojos vidriosos y una sonrisa
tenebrosa.
Cerró los ojos y gritó.
Cuando los volvió a abrir, el blanco le cegó. Pero esta vez fue el color reflejado por la
viveza de los fluorescentes de aquel hospital madrileño.
Una máquina cercana a la cama comenzó a emitir un pitido, lo que precedió a una
inundación de médicos, periodistas y curiosos varios, que en ese momento rondaban las
cercanías de la UCI.
—¿Cómo se encuentra?— le preguntó un tipo con una bata verde.
—Confuso— pudo contestar Félix— ¿Qué ha pasado?
—Ha sobrevivido a la matanza del tractor. Una mujer hizo estallar media tonelada
de gasoil y de amonal rudimentario fabricado con fertilizantes…
Pero Félix dejo de escuchar.
Giró la cabeza hacia el compartimento contiguo, oculto tras un biombo azul. Un crujido
metálico era lo que le había llamado la atención. Un
susurro pidiendo ayuda fue lo que le hizo reaccionar. Félix se levantó de la cama con
soltura, bañado por los lampos de cientos de flashes fotográficos.
Sólo él parecía oír aquellas demandas de auxilio y aquel traqueteo mecánico que le
resultaba tan familiar.
Los presentes le seguían con la vista. Félix apartó el biombo y gritó.



Donde los demás no veían más que un pequeño espacio diáfano, él encontraba una silla
de garrote vil con un cadáver, con el cuello bermejizo, empapado en sangre. El cadaver
era él, y el verdugo de ojos rubicundos y vidriosos era su abuelo.
Los anonadados espectadores no comprendían los gritos de pavor.
Tampoco comprendieron por qué motivo, Félix blandió un afilado bisturí que agarró de la
mesita metálica. Cuando intentó ensartar al verdugo, la imagen desapareció y la sala
volvió a quedar diáfana. Detrás suya, oía murmullos. Se dio la vuelta, girando
lentamente sobre sus pies.
Aterrado, comprobó que docenas de ojos vidriosos lo observaban.
Furibundo, atacó con objeto de defenderse.
Su brazo se agitaba frenéticamente. El bisturí salpicaba las paredes con sangre, trozos de
músculo y fluidos oculares.
Prosiguió hasta que un periodista le redujo golpeándole en la cabeza con un extintor.
Cuando despertó nuevamente, una bata blanca era su única compañía en la candorosa y
acolchada habitación del centro psiquiátrico penitenciario.
Sin comprender muy bien donde estaba, se incorporó y acercose a la puerta. Se asomó
por la ventanilla enrejada. Un grupo de personas parecía mostrar atención al interior de
otras estancias similares en un interminable pasillo.
Félix golpeó la puerta.
Las personas del exterior se dieron la vuelta y se acercaron, y entonces observó en ellas
aquellos ojos vidriosos que tanto le asustaban.
Gritó mientras se acercaban hacia él.
Vencido por el miedo, Félix chilló e introdujo con fuerza sobrehumana los pulgares en
sus cuencas oculares.
La sangre resbaló por sus mejillas y lo último que escuchó, antes de morir desangrado,
fue la cerradura electrónica de la puerta, moviendo los goznes y los engranajes necesarios
para abrirla.
Ese sonido tan “familiar”.




***********************





  • Sitios web (45 resultados en Googlepara un fragmento largo de texto entrecomillado)
http://www.losmejorescuentos.com/cuentos/terror690.php

https://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/8795533/Cuentos-cortos-de-terror-1-3-parte.html

http://www.taringa.net/posts/comics/8440512/Cuentos-de-terror.html

http://mundillodelterrror.blogspot.com.es/2012/09/nieto-de-un-verdugo.html

https://bloodgothic.blogspot.com.es/2010/12/nieto-de-un-verdugo-pedro-pastor.html

http://davidroman7.blogspot.com.es/2010/05/cuento-nieto-de-un-verdugo-pedro-pastor.html

http://relatos.escalofrio.com/nieto-de-un-verdugo/

http://todo-cuentos.es.tl/cuentos-de-terror.htm

http://tallerliterario.creatuforo.com/-temas9919.html

http://sololiteratura.creatuforo.com/nieto-de-un-verdugo-tema1599.html

http://www.buscacuentos.com/informacion-del-autor-/%5C%5C/cuento-TRES-PUNTO-CATORCE-DIEZ-Y-SEIS/URANO/cuento-Nieto-de-un-verdugo-34559.html

http://www.terrorifico.org/nieto-de-un-verdugo/

  • Comentarios destacados
 Mi madre, es impresionante las escenas que creas siempre. Creo que de todos los que he leido, éste me ha parecido el más realista y, por eso mismo, el más terrorífico. Además, imaginarme el garrote vil....ya es suficiente. Gracias Tom, como siempre un placer tener tus grandes aportes aquí Wink Aunque tardemos en responder jejeje...que las ocupaciones de la vida cotidiana a veces nos superan Razz Un saludo

Hola Tom. 
Tu relato se ha hecho conmigo a medida que avanzaba. y tengo la impresión de que también contigo. Me explico. Al principio encuentro una mezcla de lenguajes chocante. Demasiado culto y demasiado vulgar. Y no se trata de la diferencia edntre narrador y personajes. El propio narrador utiliza palabras que bien tengo que ir a buscar al diccionario, como un "Un bofetón sentimental le azotó como una patada en los huevos." 
Ese contraste me ha estado descentrando al principio, no me resultaba agradable. 
Sin embargo, a medida que avanza el texto, he perdido la conciencia de ello. Creo que tú mismo, dejándote llevar por la trama del relato, has pasado a un lenguaje más natural, menos forzado en ninguno de los dos sentidos. Y con ello has salido ganando, en mi opinión. 
Lo del tanatotio abulense... Es que soy de Avila ¿sabes?. 
Un buen, muy buen final. 
Saludos



Esquizofrenia.., la mente que no puede soportar una hecho tan realmente terrorifico e inhumano. 
No soy amante del terror..pero tu cuento me ha arrastrado..hasta ese final no menos espantoso..tus descripciones son perfectos y has logrado mantenerme en escena.., me he imaginado todo..como en una pelicula. 

Excelente relato.

Tienes talento para el terror, Tom.

Me estoy aficionando a estos relatos. Crudo y agobiante, con un buen final.

Al principio me quedaba mas con la parte del drama familiar por tener un verdugo en la familia, pero luego me parece bien transformado el texto en un terror psicólogio o real, quien sabe.

!buf!, ha estado muy bien. No suelo leer este tipo de relatos, pero reconozco que el tuyo ha sido construido de una forma increíble. Has dado varios giros al relato y nunca sabía por donde proseguiría. Me ha gustado.

Fecha: 2011-06-04 11:58:20
Nombre: Andrea
Comentario: Muy bueno, asi se hace un cuento de terror. Felicitaciones.

Fecha: 2011-02-03 14:56:23
Nombre: Violeta
Comentario: al contrario que Camila, no me mataría... tal vez seguiría el trabajo del abuelo... jejeje... no es verdad...

Fecha: 2010-08-03 11:43:58
Nombre: Tomi
Comentario: Creo que el género del terror es de los más difíciles de escribir y este, para mí, es perfecto. Muy bueno y escalofriante.




Fecha: 2010-05-31 15:08:29
Nombre: Camila Denisse
Comentario: Por dios no me lo podria imaginar no lo podria aguantar yo tengo 10 años y no lo soportaria jamas ser la nieta de un verdugo y no saberlo hasta los 30 no no no yo haria lo mismo q Felix...Buenisimaaaaaa


buen dia para empezar,bueno ,el relato esta pero padrisimo!!!! excelente y con un buen final ,aunque algo molesto y sicotico ,pero en general el material es bueno,pues consta de todo lo que un buen muchacho necesita para pasar un raton de miedo ,es sin duda no el mejor pero si da lo que uno quiere leeer ,sigue asi y espero escribas mas ,te felicito por tu narracion y sin nada mas que decir me despido, adios y buenas tardes




Y para finalizar, aquí dejo el audiorelato.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

Translate