Booktrailer "La gran paroniria"

26.4.14

Tritón --- Capítulo 10





Capítulo 10

No era difícil imaginar la galería si antes se había visitado cualquier mina antigua terrestre, pero pocos vestigios de ellas quedaban ya en los tiempos en los que el ser humano había conseguido crear un puñado de elementos sencillos de forma artificial, y en suficientes cantidades como para abandonar el expolio milenario que el hombre, desde épocas prerromanas, había realizado en su planeta. Incluso como en las antiguas explotaciones mineras terrestres, aquella galería parecía haber sido horadada en la roca mediante algún método mecánico. Sin embargo, los instrumentos mineralógicos del surcoreano indicaban una dureza de 9,4 en la escala de Mohs. Pocos materiales aparte del diamante eran capaces de lograr tal cosa. Sin embargo, la atención la copaba el matemático.

            —La nueva señal tiene doscientos cuarenta y tres pulsos.

Todos los presentes recibieron la información al instante, y los números volvieron a hacer acto de presencia:



9090909090.90909090909
04545454545454545454545
34
090909090909090909090
34
0909090909090909090
873579
54545454545454545
2059659
090909090909090
72265624
99999999999999
853515624
9999999999999
8809814453124
9999999999
0081787109374
999999999
156951904296874
9999999


—¿No es muy parecido al anterior? — preguntó al instante Gordon.
—Al menos mantiene una estructura francamente similar — apuntó Chong — ¿También es producto algebraico?
            —Estoy aplicando el algoritmo anterior, para ver si produce algún resultado—
            —Mientras lo hace… ¿Les importaría seguir caminando? Lo que quiera que sea que produce su maldita señal, debe de estar al fondo de esta galería. Detecto cambios bruscos de temperatura a tan solo un centenar de metros— sentenció el comandante, que inició el paso por la ignota gruta, iluminándola con un potente fusil fotónico.
            —No solo eso, comandante. Si este cacharro no funciona mal, también existen inmensos campos magnéticos repartidos por toda la zona. — informó el recién llegado de la Mariner 100.
            —Sin duda se pone interesante. —participó Sonya— ¿Saben? Cada paso que avanzamos aumenta muy ligeramente el contenido en gases nobles, nitrógeno y oxígeno.

Ray Gordon caminaba muy cerca del matemático, que parecía inmiscuido en sus cálculos. Había muchas cosas que no encajaban, pero aquellas secuencias lo habían embelesado. Hacía ya décadas que el ser humano había demostrado empíricamente que el único planeta con vida en su Sistema Solar era La Tierra. Se habían recogido y estudiado muestras de docenas de astros, tales como planetas y satélites rocosos; incluso habianse analizado muestras recogidas de cometas, de asteroides, hasta de polvo estelar y algún que otro fragmento apreciable proveniente de la Nube de Hills. Ni un solo indicio de vida, ni tan siquiera en Marte. El hallazgo de un meteorito proveniente del planeta rojo en la Antártida, en el siglo XX,  mantuvo la posibilidad de que en alguna ocasión, seres unicelulares hubieran poblado el planeta marciano. Sin embargo, análisis posteriores con tecnología cuántica demostraron que el meteorito en realidad no provenía de Marte, sino que procedía de un volcán terrestre. Durante dos décadas se estudiaron in situ centenares de toneladas de rocas de diferentes montes y mares marcianos. Y los resultados fueron desalentadores. Hubo agua en Marte, pero no hubo vida sobre la faz del desdichado y estéril planeta.

Ni siquiera los satélites que parecían tener una atmósfera parecida a la terrestre, y que fueron grandes candidatos en décadas anteriores, mostraban indicios de que la vida basada en el carbono se hubiera asomado por allí. Europa, Titán, Ganímedes… fueron descartados uno a uno. Estaba aceptado en la comunidad científica internacional, que La Tierra era el único planeta con vida en, al menos, un puñado de años luz de diámetro. Hacía ya bastantes años que tal idea se había convertido en un axioma.
Pero allí estaba él, internándose en una pequeña galería que zigzagueaba en una mole de un material desconocido de varios kilómetros cúbicos de volumen, mientras un extraño personaje, que parecía ser descendiente de un antiguo profesor universitario que se le aparecía en sueños; afirmaba que de las entrañas de lo desconocido, emanaban una serie de señales que se traducían en una bella anomalía matemática. Y esa belleza…¿Podría causarla algo inerte? Tenebrosamente, Ray intuía que no era posible. En ese momento, el matemático se detuvo.

            —¿Saben? Resulta que la nueva secuencia es homeomorfa de la primera.
            —¿También es producida por un numero primo?— preguntó el entusiasmado geólogo.
            —La secuencia es producida al calcular la raíz cuadrada del periodo resultante de dividir la unidad en 121.
            —Once al cuadrado. Once es un número primo.— díjose a sí mismo un Jim Terbak con cierta emoción.
            —Es increíble comandante, la temperatura es de solo sesenta grados bajo cero en esta zona. Aumenta a grados por metro que caminamos. Los niveles de oxígeno siguen aumentando, pero continúan debajo del 1%.— informó la única fémina de la misión, ostensiblemente emocionada, como todos los integrantes de la misma. Todos menos el Comandante Gleen.

            —Teniente, monitorice distancia al vehículo y a la nave.
            —Doscientos y mil setecientos, señor. ¿Qué sucede?
            —Compruebe el campo magnético en el interior. He detectado un pequeño temblor en el sismógrafo.
            —El campo magnético interior ha disminuido. Pero detecto enormes flujos tras nuestros pasos. Parece como si algo hubie…
            —¡Estamos encerrados! ¡La entrada ha desaparecido!—gritó el tripulante ruso mientras golpeaba con los dedos la superficie de su muñeca, que decía una y otra vez lo mismo.
            —¿Qué demonios dice, amigo?— preguntó Ray, con evidentes tonos de nerviosismo.
            —Comandante, tenemos que volver a comprobarlo. El sonar está indicando que la gruta se ha cerrado. ¡Ni siquiera logro detectar la pared exterior!
            —¿Cómo va a cerrarse si no había ninguna puerta?— preguntó Terbak
            —No lo sé. Parece como si la entrada nunca hubiera existido. Sólo hay mole de este material extraño… a tan solo setenta y cinco metros de aquí.
            —¿Son fiables esos datos? ¿Nos separa del exterior doscientos metros de este material? — preguntó mascullando un aterrado Chong.
            —Espero y deseo que sea el sensor, que esté estropeado. — Terbak echó a correr tanto como le permitía el uniforme especial, y pronto se topó con una pared. Golpearla de rabia solo le valdría para dañar el tejido y los nanocomponentes, pero logró abstenerse de tal deseo por muy poco. Parecía que aquel material había pasado en un breve periodo de tiempo a un estado gelatinoso en esa zona, colapsando sobre sí mismo y solidificando después.
           
La conmoción reinó en el grupo al descubrir que estaban encerrados en un pequeño túnel de 3 metros de altura y dos de anchura. Y de conmoción pasó a terror cuando descubrieron que tampoco tenían contacto ni con la Mariner 100 ni con las malditas naves escolta. Ahora sólo cabía la posibilidad de avanzar.
Pero antes de poder hacerlo, ya que todos estaban paralizados por la realidad que estaban viviendo, los sensores volvieron a localizar campos magnéticos enormes. Y la galería, que parecía mucho más profunda, dejó de serlo. El nuevo registro del sensor sismográfico avisó de perturbaciones. Y en pocos segundos descubrieron que la gruta se había cerrado también a tan solo cincuenta metros por delante de la posición del grupo.
Hubo tiempo para pocas lamentaciones más. Había una señal que seguía llegando a ese pasillo-burbuja de ciento venticinco metros de longitud, y era la que recobró interés cuando Markus Brahe comunicó que ésta, nuevamente, había cambiado.


 ***********




            —¡Comandante! ¡Rápido! —gritó Terbak, que inspeccionaba el muro que acababa de aparecer, taponando la ruta — ¡Aquí hay algo! ¡Hay algo grabado en la pared!
            Todos  los miembros de la misión avanzaron hacia donde se situaba el técnico norteamericano, salvo Brahe, que trataba de obtener más datos de la nueva señal registrada.
            —¿Qué es? —inquirió Ray Gordon, que observaba como se iluminaba artificialmente todo en derredor.
            —Son números…¡Es un cuadrado de números! — exclamó otra vez Jim Terbak

Tal afirmación supuso que Mark Brahe acelerase el paso, sin retirar la vista del porcesador, que estaba a punto de brindarle la información que esperaba.

            —¿Cómo es posible?— musitó Ray Gordon cuando comprobó el hallazgo.

Sobre la superficie del extraño material que formaba un muro, había un cuadrado en relieve, formado por pequeños bultos botroidales de idéntico tamaño. El cuadrado estaba dividido en dieciséis cuadrados interiores. Y dentro de cada uno, con el mismo relieve que el marco exterior, se encontraban los primeros dieciséis números que el ser humano llevaba utilizando milenios. Aquellos números conocidos como arábigos por haber sido introducido por los árabes en la Europa postrromana, pero ideados por los hindúes con siglos de ventaja. Hasta ellos se preguntarían qué diantres hacían allí tales símbolos, creados en exclusiva por su incipiente civilización:






Todos se congregaron ante el sorprendente icono. En las mentes de todos, ciertos temores se despertaron. Había axiomas que se derrumbaban ante tal prueba. Incluso el rudo comandante mostraba un asombro desconocido para él. Contemplábalo, como décadas atrás contemplaba aquellas cabezas atómicas que poco después diezmarían a un ser humano que increíblemente, gozaba de una nueva oportunidad.
           
            —Yo he visto antes esto. — interrumpió el Teniente Duque
            —Hable, Teniente— ordenó Gleen.
            —En un grabado. Un grabado del siglo XIV.
            —¿Está seguro de eso? — preguntó Sonya.
            —En mi época universitaria era un gran aficionado al arte, y uno de mis artistas favoritos era un alemán llamado Alberto Durero. Una de sus obras se titulaba “Melancolía”. Siempre me subyugó ese grabado. Mostraba una gran cantidad de detalles alrededor de un hombre que pensaba profundamente apoyando su cabeza sobre una mano, blandiendo un compás sobre un cuaderno en otra. — todo el grupo prestaba atención tanto al muro como a la narración del teniente — Un ángel aposentado en una gran rueda de molino, sobre el que cuelga una balanza en equilibrio. Un gran cristal de feldespato, mostrando caras pentagonales, al lado de un martillo. Un horizonte compartido por el mar y lo que parece una explosión estelar. Incluso un famélico perro descansa a los pies del personaje. Pero al lado de un reloj de arena… Se sitúa el cuadrado que estamos viendo ante nosotros… — finalizó el teniente.
           
            —¿Cómo puede estar tan seguro de que es el mismo? —indagó un cariacontecido Chong.
            —La obra fue creada en 1514.  Como pueden ver en la última fila, las dos columnas interiores reflejan esa fecha.
            —Todos las columnas suman 34 — el matemático se incorporó al grupo se que nadie se percatase de su presencia. — Todas las filas suman la misma cantidad. En diagonal; en cruz; segmentando en cuatro partes. Es lo que se llama cuadrado mágico. Sin embargo, observo un peculiaridad en éste. Si se convierte a binario cada cantidad expresada en cada cuadrícula y se voltea el cuadro convirtíendolo en un rombo, de forma que el 16 quede arriba y el 1 abajo, se forma una imagen especular.
            —¿Pero cómo es posible? — preguntó Sonya.
     —El ser humano no inventó las matemáticas. Sólo la descubrió y la adaptó a sus posibilidades. Pero si les sorprende esto, prepárense para ver la nueva señal. He tardado un poco más en obtenerla, porque es mucho más larga que las anteriores. Consta de 3045 pulsos por segundo.
—¿Ya aplicó el algoritmo? ¿Funcionó también? — se interesó Chong.
—Así es.
—¿Sigue teniendo la misma estructura? — preguntó Ruslan.
—Mejor compruébenlo con sus propios ojos.


Ray permaneció atento hasta que la imagen se formó.
Y ante ellos, un número irracional se formó, saltando una línea cada vez que mostraba algún patrón digital, como en las dos ocasiones anteriores.
Una pregunta se deslizó desde su subconsciente más profundo:
¿Había descubierto la ciencia al hombre?









76923076923076923076923076923076923076.9230769230769230769230769230769230769230
384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615
28
846153846153846153846153846153846153846153846153846153846153846153846153846
1490
384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384
585336
5384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615384615
174278
846153846153846153846153846153846153846153846153846153846153846153846153
68840144
2307692307692307692307692307692307692307692307692307692307692307692307
568359374
999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
8992919921874
999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
1607666015624
99999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
286651611328124
999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
3839263916015624
99999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
4609355926513671874
99999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
52313533196082481971
1538461538461538461538461538461538461538461538461538461538
0357664365034836989182
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30769230769230769230769230769230769230769230769230
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999999999999999999999999999999999999999999
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9999999999999999999999999999999999999999
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999999999999999999999999999999999999999
8124934489140969162690453231334686279296874
99999999999999999999999999999999999
82374384197925110129290260374546051025390624
9999999999999999999999999999999999
8339124664804481531413889919909147115854116586
53846153846153846153846153846153
689293397829824965146354560811932270343487079326
923076923076923076923076923076
77461971305597445190362402802118315146519587590144
2307692307692307692307692307
551529303494723783966964429754835481827075664813701
92307692307692307692307692
294318360755075682553784697749786293850495265080378605
7692307692307692307692307
565039487582419956808348178338537064309303577129657451
923076923076923076923076
801774415448147867486803011325071985573651125797858605018028
846153846153846153
7303650888718334539297105667543519302853383123874664306640624
99999999999999999
889319570245134919197517453515189345125691033899784088134765624
999999999999999
8940630172346291369461952769359669446203042753040790557861328124
99999999999999
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999999999999
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