Booktrailer "La gran paroniria"

22.7.12

Relato XXXII --- "A hueso"

A hueso





"El nombre de "Puente del Diablo" le viene al acueducto de una leyenda que aún perdura en muchos corazones segovianos"
Camilo José Cela







—Deténgase.

El taxista obedeció y detuvo su Skoda ante el magnánimo monumento romano.

El tipo del bombín miraba en quietud.

—Impresionante, ¿verdad, amigo?


El pasajero guardó silencio y ni siquiera prestó atención al chófer, que lo observaba mordisqueando un palillo. Se preguntaba qué guardaría aquel hombre en ese maletín rectangular, parecido a los que llevaban los galenos de siglos pretéritos.


—Lo construyeron los romanos hace dos mil años. Lo curioso es que no lleva una sola mota de cemento. Está construido a “hueso”; piedra sobre piedra, incluso los arcos.— apuntó orgulloso el conductor, abolengo de la capital segoviana; dispuesto a ganarse una buena propina ejerciendo de improvisado guía turístico.

El foráneo siguió contemplando, impasible, pareciendo escudriñar con precisión cada centímetro cuadrado del acueducto.

—Aunque bueno, ya sabe que todas estas cosas tienen sus mitos y sus leyendas— insistió con tono amistoso el orondo taxista—. Cuentan que el acueducto fue construido en una sola noche por el mismísimo diablo.


El viajero giró la cabeza de inmediato.

—Cuénteme esa historia.


Fue la primera oleada de extraño estupor que el taxista sintió por todo su cuerpo. La mirada de aquel tipo era fría como un témpano de hielo, mas a la vez ardía como si contuviese el infierno. Serenose y comenzó a hablar.


—Es algo que a todo niño segoviano le cuentan sus padres o sus abuelos el día que el pequeño pregunta por la estructura. Imagino que es parte de la propia ciudad, como esa jodida loba capitolina que ve allí —y señaló con el dedo, aunque fue un acto inútil, ya que el pasajero ni siquiera movió el cuello—.


… La leyenda narra la historia de una bella joven que, cada mañana, partía hacia el río, en busca de agua. La travesía hasta la fuente era larga y tediosa, y mucho más lo era la vuelta. Tanto fue así que una mañana, la cansada joven maldijo a los cielos por su penosa tarea. De inmediato, escuchó una armoniosa voz que procedía de sus espaldas. Sorprendida, descubrió a un caballero, pulquérrimo en sus vestimentas y de una refinada belleza facial. El caballero preguntó a la joven qué era lo que la atormentaba y ésta respondió que daría cualquier cosa por no tener que ir cada mañana a llenar los cántaros con agua. Pero la zagala era pobre y no tenía nada que dar. El caballero le comentó que tenía algo muy valioso que ofrecer: el alma. La muchacha pensó que eso no valía para nada, y afirmó que cambiaría su alma por aquel deseo. La risita grotesca del caballero la atemorizó e impuso unas condiciones : el agua tenía que llegar hasta muy cerca de su casa antes de que cantase el primer gallo. El tipo le tendió su mano y al instante desapareció. La muchacha creyó que todo aquello era absurdo y olvidó el tema, cargando nuevamente con el cántaro y maldiciendo su mala suerte.— El taxista hizo una breve pausa en la que observó cierta mueca de placer en aquel hombre. Parecía como si disfrutase escuchando aquello. Prosiguió con la historia—

…Pero llegó la noche, y con ella una iracunda tormenta. Entelerida, la joven salió a la calle, esperando encontrar a todos los vecinos asustados, pero todas las puertas y ventanas estaban cerradas a cal y canto. Un gran resplandor refulgía sobre el centro de la ciudad. La muchacha acudió hasta allí y contempló cómo el tipo del día anterior, envuelto en fuego, volaba de un sitio a otro portando gigantescas piedras. Comprendió que había vendido el alma al diablo por aquello, y que este estaba cumpliendo con su parte del trato. La joven corrió hacia casa y rezó a Dios bajo el amparo de una vela. Entre lágrimas, surgió una idea. Agarró la vela y fue con ella al gallinero más cercano. El gallo, confundido ante la fuente de iluminación, cantó. Y el sonido taladró los oídos de Satanás, que portaba la última piedra hacia la altura de la estructura. El contrato era claro. El gallo había cantado y el diablo no había acabado su construcción, por lo que de inmediato tuvo que volver a los infiernos, portando aquella piedra consigo, y no el alma de la avispada mujer. La leyenda finaliza contando cómo la joven colocó la última pieza, después de depositar en el hueco una medalla de oro de la virgen, como ofrenda a sus plegarias. Evidentemente, es una leyenda ya que se ha buscado tal medalla y…

—¿Por qué cambiaría usted su alma, amigo? —preguntó el pasajero, cortando de raíz la intervención de su interlocutor, que carcajeó sonoramente al razonar la pregunta.


—Con ganar el euromillones de esta noche, cambiaría mi alma, la de mi mujer y la de mis hijos.


—¿Qué le debo?—preguntó el tipo a la par que abría la puerta.


—Poco dinero. Nueve con cincuenta euros.


El hombre extrajo de su chaqueta una cartera y sacó un par de billetes de diez. Le entregó los dos y salió del vehículo.


—¡Muchas gracias! ¡Buen fin de semana!


El taxista aceleró y ascendió una pendiente hasta desaparecer. Poco después, se ahorcaría en una estatua pública con su propio cinturón; al descubrir que entre los dos billetes de diez euros había un resguardo doblado con una sola apuesta del euromillones. Tanto números y estrellas coincidían, guardando en la combinación un premio cercano a los dos centenares de millones de euros.



El tipo del bombín caminó en la oscuridad del anochecer hacia el iluminado acueducto. Tras escudriñar brevemente el tercer pilar, golpeó con los nudillos el bloque de piedra más pequeño. Este cedió y cayó al suelo. Introdujo una mano en el hueco y extrajo un pequeño colgante de oro. Abrió la maleta y sacó un pequeño frasco con agua regia, en la que el oro de disolvió de inmediato. Y antes de guardar el líquido, extrajo una roca del mismo tamaño que la que él había quitado de aquel pilar. Cuando esta se acomodó a “hueso” en el lugar, el impoluto cielo se cubrió, y en pocos minutos, la neblina invadió la ciudad segoviana. Decenas de diablillos alados salieron de los arcos y fueron tomando tantas almas como pudieron robar a los infaustos habitantes segovianos. El mismo demonio había sido víctima de un engaño, por tanto, era legítimo vengarse como viese oportuno; mucho más ahora que corría el rumor de que Dios se había dado el piro hacia su escondrijo ratonil de Andrómeda, y de que el Anticristo había sido liberado gracias a una hábil trampa de Lamech.


Cuando el último segoviano fue despojado de su alma, el acueducto se derrumbó, y los grandes bloques de piedra quedaron reducidos a una fina polvareda.


2 comentarios:

  1. me ha gustado, bien bueno! muy interesante la historia.

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  2. Me alegra ver que sigues conservando tu toque, querido Pedro...
    Soy Gamberro a todas estas...
    Besos guapo ;)

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