Booktrailer "La gran paroniria"

12.9.11

Tritón --- Capítulo 6





Capítulo 6


—En primer lugar, quiero que sepan algo. —dijo el comandante Gleen, intentando mostrar la sinceridad que emanaba de su ojeada ante todos los presentes. De hecho, no continuó hasta que se cercioró de que todos habían cruzado una mirada directa con él— Hasta hace escasos minutos, ni yo mismo era conocedor del objetivo principal del viaje que se me ordenó comandar.
            —¿Es un chiste, comandante?—inquirió de forma irónica Ray, a la par que adquiría una postura más sosegada en su aposento.
            —Le aseguro que me encantaría que así fuese, pero no lo es, señor Gordon— sentenció Gleen, apoyando los brazos sobre la mesa, a menos de medio metro de Ray. Tras intercambiar más miradas sensitivas, el comandante giró sobre sí y anduvo en derredor de la mesa, con las manos unidas tras la espalda. Cuando hubo caminado unos segundos, comenzó a hablar, de forma mecanizada.
            —Verán… la información que les voy a facilitar es de secreto máximo, así lo califica la WCA y todos los estados miembros. Tanto, que, como les he dicho antes, hasta hace pocos minutos no se me ha permitido acceder al protocolo de la misión—dijo Gleen cruzando los brazos.— Ni siquiera los capitanes de las dos naves que nos escoltan saben más allá del destino de la misión.
            —¿No venimos a orbitar Neptuno, verdad? —interrumpió Ruslan, con una carcajada ganadora dibujada en su rostro, aunque no se atrevió a ejecutarla por completo.
            —No; cabo. No vamos a orbitar Neptuno.—respondió solemnemente Jack Gleen..
            —¿Y a dónde nos dirigimos, comandante? —preguntó Sonya con un gesto más preocupado que el mostrado hacía escasos minutos.
            —En algo menos de siete horas, alunizaremos en Tritón.

Un halo de sorpresa rodeó la mesa. La membrana HAS se activó y generó la fiel imagen del satélite en cuestión.

            —¿Tritón? —preguntó un extasiado Chong— Sin duda, será emocionante.
            —¿Qué es Tritón? —preguntó Ray sin entender muy bien la leve pero sonora algarabía.
            —Es uno de los satélites de Neptuno. Uno de los cuerpos más fríos que se han medido dentro del sistema solar. Es algo más pequeño que nuestra luna —informó de carrerilla el catedrático coreano.
            —Esta en lo cierto, profesor Chong —intervino de nuevo Gleen, apremiando con un gesto a que el experto continuase dando información.
            —Además, es uno de los satélites más misteriosos del Sistema Solar. Es el único que tiene órbita retrógrada, es decir, su movimiento orbital es contrario al de Neptuno; evidencia científica de que no se formó en las proximidades del planeta, ergo fue atrapado gravitacionalmente. Puede que naciera cerca de donde lo hizo Plutón, ya que parecen tener grandes paralelismos geológicos— hizo una pausa y trazó varios movimientos con el dedo índice, manipulando los datos mostrados en la membrana.— Tiene una feble atmósfera, compuesta en su mayoría por nitrógeno. Hasta hace pocas décadas se pensaba que poseía una superficie no rocosa, de material gaseoso helado. Pero la última sonda, que lo examinó en el año 2059, reveló que tiene zonas rocosas y estables en el norte; la denominada corteza de melón, ésta zona de aquí, que como ven, es similar a la piel del melón terráqueo. Es una geología única que no se da en ningún otro cuerpo en rotación. Como ven, la zona sur del planeta está bajo la penumbra, y así seguirá durante medio siglo más.
            —¿Por qué venimos a Tritón, comandante? —interrumpió Ray.
            —En el año 2076 fueron lanzados al espacio los tres vehículos experimentales de impulsos gravitacionales, los Explore-X. Su objetivo: Llegar en un corto lapso de tiempo a los tres sistemas estelares más cercanos a nosotros, excluyendo por supuesto en el que nos encontramos: Alfa Centauri, a poco más de cuatro años luz de distancia; Sirio; y Luyten, ambos entre los ocho y nueve años luz de distancia.— Gleen, ayudado en su discurso por la membrana holográfica, perpetraba breves pausas con las que taladraba la mirada de Ray, que parecía mostrarse más interesado en escuchar y asimilar la información que pocos minutos antes— El año pasado entró en funcionamiento un nuevo satélite, el Artemisa; puesto en órbita para controlar las emisiones de frecuencias plankianas y tener localizados los Explore-X que ya viajan hacia los sistemas que les mostré antes. Como sabrán, estos prototipos enviados funcionan con el motor plasmodinámico de gravitones. ¿Le dice algo esto, señor Gordon? —indagó a Ray con la mirada fija.

No supo que contestar. Su mente estaba ocupada intentando ordenar sus pensamientos y emociones. Poco a poco, comprendió que las piezas iban encajando.
Todos le miraban a través de la membrana.
           
—Yo participé en el desarrollo de esos motores —dijo por fin Ray
            —Los conozco —repuso Ruslan—. Los prototipos más avanzados no son más grandes que un puño.
            —Así es —explicó Ray—. El primero que desarrollamos era del tamaño de una nuez. Por eso se llamo el Proyecto Diplodocus. Porque el motor para viajar a las estrellas tendría el tamaño del cerebro de estos animales extintos.
            —Espero que eso resuelva sus dudas del porqué está aquí —espetó Gleen.
            —Pues la verdad que no. ¿Qué tienen que ver estos motores con Tritón? —preguntó, más intrigado si cabe Ray.
            —Como les iba diciendo, Artemisa entró en funcionamiento años después del lanzamiento de los tres Explore-X construidos y lanzados hasta la fecha —Gleen iba manejando con maestría la membrana, que ofrecía información en imágenes acompañadas con gráficas sobre la intensidad de las lecturas—. El satélite no es más que una antena configurada para recibir y traducir la señal inconfundible que mantenga localizados los vehículos interestelares. Éstos poseen un emisor en el motor, que aprovecha el residuo y emite gravitones gaussianos, una subpartícula artificial que no se ha hallado en el universo observable. Y para sorpresa de todos, el primer día de funcionamiento de Artemisa, el satélite empezó a captar una nueva y débil señal, similar a la que emiten los Explore-X.
            —¿Cómo es posible?  —participó cariacontecida Sonya
            —Parece ser que hay algo parecido a nuestros motores. La cuarta señal fue analizada y proviene de Tritón. No ha variado desde el primer día que se captó.
            —¿Se están dando cuenta de lo que dicen? —pregunto Ray alarmado—.  No es posible que haya un motor de gravitones en Tritón.
            —A menos que no sea humano —sugirió Terbak, con tono melancólico.
            —¿Qué tonterías dice?— replicó molesto Ray
            —¡Silencio! —bramó Gleen—. Sea lo que sea, nuestra misión es descubrirlo y enviar toda la información que podamos captar. Les entregaré los informes llegados desde la Tierra. —Gleen repartió las tablillas tubulares a los presentes—. En siete horas está previsto tomar contacto con la superficie del satélite. Es el tiempo del que disponen para leerlo y descubrir cuales son sus objetivos en la misión. Descansen.

Gleen se dio media vuelta, subió la escalinata y se perdió entre una maraña de cables y entramados metálicos.

Ray pretendía seguir tras él y hallar mas respuestas, pero Sonya se lo impidió con un tirón en el brazo.

—Es inútil. Déjalo— díjole, mirándole con compasión. Volvió la vista hacia el lugar donde ya no estaba el comandante. Y fue entonces cuando notó el calor de la mano de Sonya apretando la suya. Ruborizado, volvió a la mesa, donde todos los presentes esperaban entre erguidos y nerviosos. Alguno de ellos, como Chong, utilizaba el HAS que le había entregado el comandante al finalizar la reunión.
—A ver, es posible que yo mismo me esté volviendo loco—expuso Ray, con gesto dubitativo y brazos cruzados—¿Cómo es factible que haya tres emisiones controladas de gravitones gaussianos y que de repente, aparezca una cuarta emisión de la nada?
—No me cabe la menor duda de que la nueva señal no tiene nada que ver con las tres señales controladas, señor Gordon.—respondió de inmediato el matemático, a la par que se ajustaba las gafas. A decir verdad, durante toda la sesión informativa, fue el único que se mantuvo totalmente impasible ante las palabras del comandante. Su actitud daba a entender que el objetivo de la misión no era una novedad para él.
—¿Y por qué está tan seguro, amigo?—preguntó nuevamente Ray.
—Porque las señales de los Explore-X son disonantes, son planas. Esta nueva señal tiene cadencia, tiene ritmo.
—¿Quiere decir que la señal puede contener alguna clase de información?— indagó Chong, dejando de lado el dispositivo holográfico.
—Tiene toda la pinta de que sí.
—Eso explica que aquí haya un matemático como usted, ¿No?—ironizó nuevamente Ray.
—Así es. Yo lo entendí a la primera. Sin embargo, usted no parece asimilar muy bien su presencia en este lugar. —finalizó Mark, acomodándose más aún en el respaldo surgido del taburete.
—Está claro que Ray está aquí por trabajar en el laboratorio que diseñó esos motores—terció el Teniente Duque, que trataba de apaciguar la situación. —Nadie mejor que él, si encontramos uno de esos cacharros allí abajo.
—Exacto, todo el mundo tiene su utilidad en la Mariner 100, amigos.—intervino Jim con su carácter sonriente— Por ejemplo, Ruslan es el encargado de limpiar las cubetas escatológicas cuando se atascan de excrementos.
—No, para eso llamamos a tu madre americana, cretino— contestó el joven soviético ante el escándalo de risas formado en el pequeño grupo, que asistió a una nueva guerra de pescozones y collejas entre los dos joviales ingenieros.

La tensión disminuyó considerablemente en la sala de descarga de la Mariner 100. Todo el mundo, incluido Ray, pareció comprender la envergadura real de la misión. Por su cabeza daban vueltas multitud de ideas atrevidas, de tesis implausibles y de vagas explicaciones ante algo inexplicable. Estremeciose, no obstante; cuando su subconsciente hizo que una frase se iluminara en su mente, como si un antiguo rótulo de neón se tratase:


"EL HOMBRE DESCUBRIÓ LA CIENCIA. AHORA LA CIENCIA DESCUBRIRÁ AL HOMBRE"





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