Booktrailer "La gran paroniria"

3.7.11

Tritón --- Capítulo 2




            
       

Capítulo 2



     —¡Rápido! ¡Abrid esa compuerta!

Dos hombres en paños menores atravesaron a la carrera el iluminado pasillo que desembocaba en la sala de estasis. Se detuvieron ante la cápsula que había producido la señal de urgencia. La luz roja de emergencia rotaba en sintonía con el agudo timbre de la alarma sonora.
Dentro de aquel contenedor ovoidal, las convulsiones de un hombre le hacían golpear inconscientemente el cristal de la compuerta.

            —¿Qué sucede, teniente?
           
            —Uno de los que aún no ha despertado. La alarma se ha activado, los lectores indican fallos cardíacos, señor.

En el centro de mando, la pantalla del monitor principal mostró la imagen. En ese mismo momento, los dos hombres conseguían abrir la puerta y tumbar en el suelo al afectado, que tosía con virulencia.
           
            —¿Quién es? Desde luego, no es uno de mis hombres.
            —Es Raymon Gordon, señor. Uno de los científicos del VPL. Las lecturas se están estabilizando.—explicó el teniente sin quitar el ojo a los sensores vitales.
            —Voy para allá. Convoque a toda la tripulación en la sala de descargas en dos horas. Si no regreso antes, le volveré a ver allí.
            —Si, Comandante. A sus órdenes

El comandante Gleen abandonó la sala de mando, desapareciendo junto al elevador. Cuando llegó a la zona de cápsulas, Ray ya estaba consciente

            —¿En serio he estado durmiendo durante cuarenta y nueve días seguidos?—preguntó, rascándose la cabeza.
           
            —Sí, amigo. Y espero no preguntes donde has meado todo ese tiempo.

Los dos hombres que le abrieron la compuerta intercambiaron carcajadas mientras Ray miraba asustado la especie de pañales que le cubría toda la zona.

Limpios. Antes de que le diese tiempo de cavilar sobre el asunto de los orines, los dos hombres se pusieron de pie e hicieron el saludo militar de forma mecanizada, ante la inesperada presencia del comandante en la sala de estasis.

            —¿No han tenido tiempo de uniformarse?¿Creen que esto es un casino y que están en una despedida de soltero?—les gritó, enfurecido—. Tienen dos horas; yo que ustedes me daba prisa.

Los dos hombres se dieron la vuelta y desaparecieron por uno de los pasillos sin que a nadie le diese tiempo a pestañear.
           
            —¿Raymon Gordon? —Gleen le observaba de forma curiosa y altiva, como el que contempla a un hámster que devora a sus crías.
           
            —Sí, ese soy yo...Pero disculpe que no le reconozca, estoy algo confuso y mareado. Es mi primer viaje, si a esto se le puede llamar viaje.—dijo aún sentado en el suelo, mientras se frotaba las sienes con los tres dedos centrales de cada mano, ejecutando suaves movimientos circulares.

            —Soy Jack Gleen, comandante de la nave en la que usted “viaja”— pronunció haciendo un énfasis irónico—; la Mariner 100. ¿Sabe por qué está aquí?

De repente, recordó al profesor Brahe rasgando con la tiza en ese encerado onírico. ¿Qué había escrito?  Todo parecía haber sido real, pero el remanente era tan difuso como espeluznante.

            —Bueno, tengo una vaga idea de cual es mi misión— hizo una esforzada pausa que aprovechó para ponerse en pie—; pero la verdad que no se me informó de mucho. No crea que vine de buena gana—sentenció, tratando de esbozar una sonrisa sarcástica. Mas no supo si consiguió intimidar a su interlocutor, el rostro de Gleen era inexpugnable.

            —Entonces no es diferente a los demás. Apresúrese—alzó el brazo y señaló—. Busque en esa lista su camarote y unifórmese. En dos horas nos reuniremos en la sala de descarga con todos los que estamos a bordo.

El comandante abandonó la zona mediante el pronunciado pasillo y Ray quedó solo. Intentó formular unas cuantas preguntas, pero se estancaron en su garganta.

Estaba abrumado por la complejidad que exudaba aquella situación.

Ni siquiera sabía a ciencia cierta como demonios había ido a parar a esa maravilla- engendro tecnológico en la que se encontraba. Fue nombrada así por ser lanzada al espacio un siglo después del lanzamiento de la Mariner 10, la última de estas naves que el hombre botó al exterior el 3 de noviembre de 1973. Y por lo visto, en sus diez primeros años de vida, la Mariner 100 no había sufrido una sola avería de consideración, y con un “rodaje” a sus espaldas superior a las 150 Unidades Astronómicas se encontraba entre los mayores éxitos de la WCA.

Contempló el habitáculo donde había permanecido impasible durante casi cincuenta días. Era impensable que hubiese pasado tanto tiempo sin percatarse de ello. Pero sin duda, así era. Aún había líquidos que danzaban por el intrincado sistema de tuberías que sin querer saber cómo, se atoraban automáticamente a las vías respiratorias del huesped de aquella tétrica posada. A ambos lados había media docena de cápsulas similares —los pupitres, son como los jodidos pupitres, Ray—, todas cerradas y listas para ser ocupadas de nuevo.

En un marco magnético descubrió la lista de la que le habló Gleen. Lo que más le sorprendió fue comprobar que el soporte donde estaba el texto escrito no era otro que el vulgar papel, aquel derivado de la celulosa que en La Tierra dejó de verse cuando Ray estudiaba educación infantil. El motivo principal que se esgrimió para erradicar su uso fue como método de protección vegetal, ya que a mediados del siglo XXI, una década de grandes incendios; promovidos por un aumento crítico de la actividad solar, destruyó un alto porcentaje de la masa arborícola del planeta, y las plantas de reciclado no dieron el abasto que se esperaba de ellas. La proliferación de soportes, como el HAS — siglas de Holographic Audiovisual System — fueron la coyuntura perfecta para detener la fabricación de los derivados de la celulosa en todo el planeta. Sin embargo, como contraste de la evolución tecnológica, aquel trozo de papel impreso refulgía como una gema ante la insipidez metálica.

Su nombre aparecía emparejado con la dependencia número nueve. En la zona inferior de la nota, había un croquis que indicaba la posición de la “suite” que le correspondía. Era fácil.  Coger el gran pasillo, caminar medio centenar de metros y acceder al tercero de los pequeños corredores que nacían en el lateral derecho. Una vez allí, las salas debían de estar identificadas. ¿También con papel? Se preguntó a si mismo Ray.

Accedió al pasillo y caminó descalzo sobre el piso metálico hasta encontrar su estancia. El número nueve estaba biselado en el propio metal de la puerta, lo cual rompió el entusiasmo nostálgico que le envolvía desde que descubrió aquella hoja de papel.

Tras pulsar un botón, la puerta se deslizó horizontalmente hacia la derecha.

3 comentarios:

  1. ¿compuerta? ¿que es? ¿una presa o una casa rural?
    Tu elección de palabras, a la par que rebuscada denota que en tu época escolar te dedicaste más a leer novelas de ciencia ficción compradas al peso que a estudiar. Lo siento. Pero debo decírtelo, no creo que te leyeran aunque escribieras el menú del bar de la esquina.

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  2. compuerta s. f. Mecanismo formado por una hoja grande y fuerte a modo de puerta, o bien por dos hojas distanciadas unos metros una de otra, que se levantan o bajan para permitir o impedir, respectivamente, el paso de una cosa, como el agua, un vehículo o PERSONAS.

    Entiendo que lo único que hay rural es el comentario vertido, y las ganas de contumeliar al autor, desde el foro con el que se firma la entrada a la que me refiero, donde ya se han dado varias muestras de desprecio hacia mi persona y mis obras.
    Sería más fácil para mí el eliminar semejante oprobio gratuito, pero prefiero dejarlo como muestra patente de la realidad con la que convivimos los autores ignotos. No tenemos oportunidades, pero sí padecemos de este tipo de ataques y críticas destructivas y amilanadoras por parte de personajes que o bien, tienen envidia, o bien, se dedican a mancillar el trabajo ajeno a base de vomitar comentarios como el de arriba. La lástima es que el comentarista no tiene el suficiente valor como para opinar desde su nombre y no ocultarse bajo el antifaz del anonimato, y así no podamos comprobar si él ha escrito muchos menús de bares y tabernas de la esquina, y lo que es más importante: como lo ha hecho de bien. Seguro que a tí te lee muchísima gente. Tanta, que tienes que aparecer por aquí para dejar patente tu frustración.
    Pido mil disculpas a los demás por este proceder, pero sentía la necesidad de contestar ante tanta necedad.

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  3. Realmente me ha gustado esta parte. Me dan ganas de saber más cosas en relación a lo sucedido. Veamos que viene en el tercer capitulo...

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